Biografía de Alfonso Guillén Zelaya

Alfonso Guillen Zelaya

Alfonso Guillén Zelaya nació en la ciudad de Juticalpa, Olancho un 27 de Junio de 1887, sus padres fueron el señor Miguel Guillén y la señora Jesús Zelaya, y fue el único varón de seis hijos. Curso sus estudios de primaria y secundaria en su ciudad natal para luego trasladarse a Tegucigalpa donde curso la carrera de Ciencias Jurídicas y Sociales.

Un desconocido y trágico incidente le impidieron culminar sus estudios, sin embargo esto no impidió que se convirtiera en un aguerrido periodista que combatió en contra de los intereses de las empresas transnacionales. Esta batalla en contra de la influencia política y económica de Honduras por parte de la compañía lo obligó a exiliarse a México, país donde fallecería posteriomente.

Desde 1919 hasta 1932 ejerció el periodismo en varios países: en El Salvador, en Guatemala y en los Estados Unidos. Fue Cónsul de Honduras en Nueva York, secretario de la delegación hondureña a la Conferencia por la Paz, en Versalles, Francia. Contempló -y a la vez estudió- los grandes fenómenos políticos que sacudieron a la Europa revolucionaria, lo cual afianzó su pensamiento antiimperialista. Regresó a la patria, además de horrorizado por la “matanza más grande de la historia”, decidido a luchar por la pacificación de Honduras.


EL TACOMA. Este nombre tiene doble eco en la historia de Honduras. Se llamaba así el crucero a bordo del cual el gobierno de Estados Unidos forzó la salida del presidente Miguel R. Dávila en 1911 y el ascenso al poder de Francisco Bertrand y Manuel Bonilla.

Así llamó Guillén Zelaya al primer diario bajo su dirección, en su querida Juticalpa. Sin duda, su labor más trascendente estaba por venir, pero es aquí donde empiezan sus primeros escritos, que irán cobrando fuerza con el tiempo.

En 1913, llega por primera vez a Guatemala, desde donde envía al gran Froylán Turcios sus composiciones, que son publicadas cada mes en el Ateneo de Honduras. Escribe además para el Nuevo Tiempo, de Guatemala. En 1915 trabaja en el consulado hondureño en Nueva York, con un salario inicial de 75 dólares, insuficientes para vivir, según una carta que envía a sus parientes.

Al finalizar en 1918 la primera Guerra Mundial, Guillén Zelaya integra junto a Rafael Heliodoro Valle la delegación hondureña [sociallocker id=”21455"]en la Conferencia de Versalles, Francia, que preside Policarpo Bonilla. En 1921 deja Estados Unidos y regresa a Guatemala como Jefe de Redacción de Diario Nuevo, del que luego es nombrado Director.

Es derrocado en aquel país el presidente Carlos Herrera y Guillén Zelaya, fiel al espíritu que lo acompañará toda su vida, redacta el documento de protesta que los periodistas presentaron al Congreso Nacional.

En El Cronista, desarrolla Guillén Zelaya su labor periodística más valiosa, con una sección editorial que se vuelve trinchera en mano de este insobornable patriota junto a otro grande como lo fue Paulino Valladares.

Allí, escribió Guillén Zelaya desde el 18 de noviembre de 1926 al 3 de septiembre de 1929 artículos editoriales de antología, no en vano ha sido considerado “uno de los más grandes editorialistas políticos hondureños”.

Y para muestra basta un ejemplo. En 1929, la Standard Fruit y Steamship, comprometida a construir -de La Ceiba a Yoro- 26 kilómetros de línea férrea por año, presiona para que el gobierno le disminuya sus obligaciones contractuales. Para ello, presenta al Congreso Nacional formal solicitud para el el número de kilómetros fuese reducido a 12.

Pero la moción fue rechazada por 33 votos contra 3 a favor. En un reporte enviado por el jefe de la misión diplomática norteamericana en Honduras, George T. Summerling, al Secretario de Estado de su país, consigna que:

“La actitud del Congreso se debe en parte indudablemente a los amargos y continuos ataques en El Cronista, de Guillén Zelaya, que se mantiene terco aún ante la persuasión del Presidente Vicente Mejía Colindres. Este ha tratado de eliminarlo del campo político, ofreciéndole cualquier puesto diplomático, pero Guillén Zelaya rechaza toda oferta, prefiriendo permanecer aquí y combatir todo lo americano y, en especial, el contrato de Pan American Airways y la United Fruit Co”.

Es justo aclarar que nuestro escritor siempre guardó profunda admiración por los logros y potencialidades de Estados Unidos, lo que no le impidió fustigar severamente su política exterior hacia Latinoamérica.

Guillén Zelaya fundó en 1931 el diario El Pueblo, que funcionaba en el barrio El Olvido de Tegucigalpa. El Cronista funcionó al lado derecho del parque La Merced.

La falta de pago de los suscriptores orilló a El Pueblo al cierre de sus funciones, lo que no aminoró el orgullo que sentía Guillén Zelaya por su creación. “No ha existido hasta hoy en Honduras un periódico en donde se hayan abordado los problemas, las ideas y la política de Honduras de manera más amplia y con mayor respeto para cuantos no han pensado o no pensaron como nosotros”.

En 1933 exiliado en México, D.F., coincide con otros hondureños, intelectuales y periodístas, entre ellos: Rafael Heleodoro Valle, Martín Paz y Rafael Paz Paredes.

DE MUCHAS FACETAS. Como escritor, Alfonso Guillén Zelaya incursionó en muchos géneros. Ensayos, poemas, composiciones y editoriales se fueron alternando con el tiempo y en todos demostró su firme convicción social.

Abrazó la visión unionista de Morazán, los derechos universales de los enciclopedistas franceses, el panteísmo filosófico y el marxismo social, contribuyendo al fortalecimiento del movimiento sindical. Como poeta, estuvo influenciado por el modernismo literario, como se puede apreciar en su ensayo Lo esencial, donde se aprecian reminiscencias de Gabriela Mistral.

Uno de los trabajos más importantes de este olanchano fue su ensayo La inconformidad del hombre, que leyó por primera vez en 1945, con motivo de la inauguración de la Facultad de Humanidades de Guatemala.

En él, Guillén Zelaya aborda varios pensamientos que sesenta años después siguen tan vigentes como en aquel entonces. “Hemos perfeccionado los métodos de cultivo… y aumentado el rendimiento de las cosechas, pero hemos limitado en escasa medida el esfuerzo de trabajo… el pan de cada día escasea en millones de hogares y hasta en pueblos enteros…”.

EXILIO. Es innegable el fervor patrio que inspiraron en Guillén Zelaya encendidos editoriales. Pero también es cierto que su pensamiento trascendió más allá del espacio y tiempo, con ensayos que develaban una visión humanística y universal.

A través de sus múltiples artículos fustigó el fascismo, el nazismo, la intromisión extranjera y la desigualdad social. También mostró un vivo interés y claro discernimiento en temas como la pena de muerte, el divisionismo en Centroamérica, el imperialismo, guerrilla, democracia, derechos de las mujeres, libertad de prensa, y tópicos de actualidad en el viejo mundo.

No toleró la represión que ya había presagiado meses antes si Tiburcio Carías Andino llegaba al poder. Y ese día llegó. Fue así como en 1933 se exilió en México de manera definitiva junto a su esposa Isabel Alger Paz. En su acta de defunción se establece como causa de su muerte la hipertensión arterial y una angina de pecho.

A las 2:15 de la tarde exhaló su último aliento. Falleció el 4 de septiembre de 1947 en México. “Señores -escribió el poeta Constantino Suasnavar-: el alto Comisario del Verso, Alfonso Guillén Zelaya, ha muerto”. Mientras vivió en el país azteca continuó derrochando el verso y el pensamiento que hacen de este hondureño una vida digna de contar.

Poemas de Alfonso Guillén Zelaya

  1. El Oro
  2. Echame a la Senda
  3. Tierra y Soñador
  4. La Casita de Pablo
  5. Vendrán los Nuevos Días
  6. Lo Esencial

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